El Nacimiento del Vedado

Escrito por  Christel Cruz
 En 1890 el poeta cubano Julián del Casal, para escapar un poco del aire de la ciudad, fue de paseo a un ¨caserío¨ del cual dejaría sus impresiones: ¨ Hay lugares tan bellos en la tierra que uno quisiera poderlos estrechar contra su corazón. Esta frase de Flaubert revoloteaba en nuestra memoria al regresar de un paseo que dimos ayer al poético caserío del Vedado, para distraer el fastidio, andar al aire libre y huir de las monótonas diversiones de la ciudad. Era al oscurecer. La tarde expiraba poco a poco y la niebla envolvía las verdes cumbres de las montañas. …

 El calor se había apaciguado y se respiraba un aire fresco que parecía salir de inmensos abanicos agitados por manos invisibles.

Atravesando la ancha calzada polvorosa que se extiende …a lo largo de las orillas del mar, donde apercibían las espaldas encorvadas de algunos pescadores que aguardaban pacientemente la caída del pez en las redes tendidas, llegamos al risueño pueblecillo, el más tranquilo, el más pintoresco y el más moderno de los que se encuentran en los alrededores de la capital.Todo el que vive en la Habana lo ha visitado alguna vez.

Tiene el brillo de una moneda nueva y la alegría silenciosa de las poblaciones. La miseria no ha penetrado en sus ámbitos y sus habitantes parecen dichosos. ¨

 

 De bosque a villa.

 

Mucho ha cambiado el Vedado desde aquel bando del Cabildo de La Habana en el que prohibía, en el siglo XVl, el pastoreo, asentamiento y la construcción de caminos que pudieran poner en peligro a la ciudad de los ataques de piratas:

 ¨ El nombre trae confusión. hay personas que dicen que es porque estaba vedada la caza, pero la verdadera razón es que los piratas desembarcaban por la Chorrera y entonces entraban en La Habana. En ese entonces no estaba el Castillo de la Chorrera, mientras que la Habana estaba muy fortificada con La Punta, La Cabaña, la Fuerza y el Morro. Los piratas desembarcaban por allá y venían a lo largo de la playa y caían sobre la población.

Entonces los vecinos - y le estoy hablando del Siglo XVI- sembraron todo eso de plantas espinosas para que no pudieran venir por allí y prohibieron a la gente de la población que fueran al lugar: aquello estaba vedado…las primeras casas comienzan a aparecer en el siglo pasado ¨.

                                                               Dulce María Loynaz.  Un encuentro con Dulce María Loynaz.  1994

La barriada del cerro y la Habana Vieja eran para ese entonces los lugares preferidos por la burguesía criolla para construir sus casas y fincas, pero a mediados del siglo XIX comienzan a aparecer las primeras construcciones de lo que sería después una zona residencial que les arrebataría la fama para siempre.

 El Carmelo y El Vedado fueron los nombres de las nacientes estancias, esta última perteneciente al Conde de Pozos Dulces y su familia, la finca se extendía desde la actual calle Paseo hasta la antigua Batería de la Reina, lugar donde ahora se encuentra el famoso Hotel Nacional.

 Junto al afamado y prestigioso Conde otros nombres se sumaron a la lista de fundadores de la villa entre los que destacan: el doctor Antonio González Curquejo, la familia Labarrere y los hermanos José y Cirilo Yarini, médico muy famoso el primero y uno de los introductores de la estomatología moderna en la Isla el segundo. Ambos eran los tíos del célebre chulo Alberto Yarini.

 Hacia 1870 solo 20 casas conformaban el pequeño poblado, alineadas a lo largo de un camino (hoy calle Línea) que desembocaba casi en el mar. Los habitantes se trasladaban en una especie de tranvía tirado por caballos que les llevaba por toda la orilla hasta la esquina de Prado y San Lázaro, poco tiempo después este medio de transporte fue evolucionando primero a una maquinita de vapor, el primer automóvil de pasajeros de tracción no animal que tuvo la villa, hasta que el nuevo siglo le dio paso al tranvía eléctrico.

 Las casas que se construyeran debían tener, con carácter obligatorio, un jardín y las zonas públicas incluían numerosos parques arbolados mientras que las vías rectas facilitaban el paso de los vientos.

Fue en las calles del Vedado que se usaron por primera vez en el país las letras y los números para diferenciarlas.

Pero la insipiente villa conservaba todavía sus aires campestres y no pasaba de ser ¨una vasta y solitaria playa rodeada de un monte. ¨

 

 

 

Así recordaba aquellos tiempos la escritora Renée Méndez Capote:

 ¨ El verano de mi infancia no era más que un peñón marino sobre el que volaban confiadas las gaviotas, y en cuyas malezas crecía silvestre y abundante, la uva caleta…Los gatos jíbaros salían de noche, y todavía al amanecer y poco antes de llegar la noche atravesaban por el cielo bandadas de palomas rabiches, y por el Norte aparecían en invierno bandos de patos de la Florida.

 La vida diaria estaba todavía vinculada al carácter campestre del lugar.¨ Por sus alrededores todavía abundaban las fincas, y las familias hacían venir vacas y burras hasta las casas para ser ordeñadas en el patio y tomar la leche fresca…Esa ruralidad era aprovechada por los primeros pobladores, que disfrutaban de vivir en medio de la naturaleza, y era frecuente ver a jóvenes paseando a caballo por las calles todavía de tierra, con sus guayaberas de hilo crudo y sus finos jipijapas, costumbres que se mantuvieron hasta el segundo decenio del siglo XX en que la pavimentación del reparto puso fin a aquel ambiente un tanto pastoril¨.                      

                                                                                        Llilian Llanes Godoy  

                        

 

 

 

Visto 8918 veces Modificado por última vez en Domingo, 13 Noviembre 2016 15:12
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