DONDE NO HABÍA COLOR

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            Artículo de la Revista Amano. Escrito por Héctor Palacios.  Máisel López Valdés, joven graduado de la Academia Nacional de Bellas Artes “San Alejandro”, pretende, de una manera diferente, romper las barreras comunicativas con el gran público. Para ello, ha tomado por asalto paredes de bodegas, casas, edificios, y otros lugares abandonados de Buenavista, el barrio donde vive. Para quienes no lo conocen, Buenavista se encuentra al oeste de la capital, pertenece al municipio Playa y resulta, dentro del mapa social habanero, uno de los lugares menos favorecidos en cuanto a calidad de infraestructura urbana.

 

 

 

 

 

Quizás motivado por los grandes espacios descoloridos y ante la evocación del futuro de la ciudad, es que el pintor tomó como referentes los rostros infantiles. Símbolo uni-versal de la esperanza, el niño resulta siempre un buen motivo y su semblante, un cúmulo de significados. Hace falta encontrar en las creaciones, algo invisible para nuestros ojos, poseedor de voz propia. Lo más importante es establecer un diálogo directo y motivador. Quizás por esto, y he ahí la ratificación misma de su obra,  “Colosos” ha tenido una singular y turbulenta acogida. 

 

 

 

 

 

 

Asoman mitos; surgen fabulaciones sociales que se convierten en leyendas lejos del control del pintor, porque lo que sí es seguro es que los murales están vivos en el imaginario popular. Y viene bien una reflexión en torno a este suceso, cuando se sabe que para hablar de arte, en la actualidad, es necesario saber ver más allá de una buena técnica, de medios novedosos o de procedimientos originales. La intención primaria del artista, según ha declarado, es la operación de producir una fotografía y captar un gesto reproduciendo la realidad y posteriormente, la creación de otra, muy específica, con los medios manuales…

 

 

 

La verdad más simple es que la mayoría agradece a “Colosos”, que poco a poco ha ido encontrando, en varias paredes antes despintadas, su relación con la vida. Su expresión, exclusivamente visual, renuncia a otras formas y su potencial, revelador en cada trazo, está en el cambio interior que produce. 

Hoy, donde no había color, hay un claroscuro perfecto; una luz diferente, que ha entrado directa desde el pincel hasta el barrio para lograr que sus vecinos, en medio de sus rutinas, tornen hacia los pequeños gigantes y sonrían. 

 

Visto 265643 veces Modificado por última vez en Sábado, 04 Marzo 2017 00:41

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