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La cubana que tiró un tesoro al mar…por celos!

 
Si la princesa polaca Czartorisky hubiera conocido el carácter peligroso de las cubanas, de seguro no habría cometido el grave error de enviar un tesoro de la cultura universal a una de ellas. Y es que, cuando se trata de una mezcla tan explosiva de: orgullo, amor y celos, para una cubana, no hay tesoro que cuente.

 

Amparo Sánchez, mujer educada y bellísima, era muy joven cuando conoció a Ignacio Cervantes en la casa del maestro de música Nicolás Ruiz Espadero.

mora y su perla El joven, de sólo 25 años, acababa de llegar de París; había ingresado en el Conservatorio Imperial y había ganado el primer premio en el concurso de piano, con el Concierto número 5, para piano y orquesta de Herz. Regresaba después de haberse ganado la amistad y el respeto de músicos como Liszt y Rossini y haberse codeado con lo que más brillaba en el París de su época.  Pero el amor de esta habanera lo segó al instante.

Se casaron en 1872  y tal debe haber sido la pasión… que tuvieron 14 hijos y se mantuvieron casados toda una vida. Pero, como todos sabemos, por mucho que se quisieran, en un matrimonio de tantos años siempre hubo sus épocas de tormentas y más si el esposo tenía debilidad por las mujeres hermosas. En una entrevista a María Cervantes, hija de ambos, esta recordaba:

¨Éramos catorce hermanos, trece varones y yo, la única hembra. ¿A quién se le ocurre tener tantos hijos? Papá siempre decía que no se hubiera casado más que con Amparo Sánchez y ella, orgullosa, contestaba: “Todas pueden ser parroquias, pero yo soy la Catedral”. Él era muy culto, hablaba cinco idiomas, y creo que tenía algo de brujo porque ¿usted escucha como tocaba el piano?, pues cuando hablaba… ¡Y enamoraooo!

Y era verdad que tocaba el piano con tal virtuosismo, con tanto sentimiento, que cualquier mujer podía ¨caer a sus pies¨ y si encima era culto, lindo y sabía cómo hablar…quién puede culpar a la pobre Czartorisky?

De lo que si podemos culparla es de cometer la insensatez de escribirle una carta a la afligida esposa una semana después de la muerte de Ignacio. En esta le explicaba que el cofre que le enviaba, su esposo lo había dejado en su casa a la vuelta de París… ¡lo había dejado en su casa! Esas eran las únicas palabras que la cubana en su dolor había alcanzado a entender…qué hacía su esposo en la casa de esta mujer en París?

Su hija María nos cuenta:

¨Mamá quedó desconsolada con la muerte de papá; pero a los pocos días del entierro recibió un cofre y una carta de una “amiga” de papá, donde le decía que al regreso de París él lo había guardado en su casa. Mamá, celosa, lo tiró al mar. No debió haberlo hecho, pues era un regalo de una princesa polaca... ¡Cuántas cosas importantes habría en aquel cofre!

Pues el cofre contenía nada menos que unas obras de Chopin escritas de su puño y letra!

Si nos fijamos en las fechas de las cartas de Cervantes y el tiempo en el que conoció a la princesa podemos percatarnos que esto sucedió dos años antes de casarse pero estos detalles para la celosa Amparo no importaban ya y lo único que agradecemos, por el bien de la ingenua polaca, es que no haya traído el famoso regalo en persona…

 

 

 

 

 

 

 

Visto 2855 veces Modificado por última vez en Sábado, 04 Febrero 2017 03:46
Christel Cruz

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