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Hospedarse en el Trocha? El primer hotel del vedado.

 
Hotel Trocha Hotel Trocha www.casajuaquinChristel.com
¨Casi nadie le recuerda ya y muchos ni le conocen. Él fue   el primero, el más elegante, el más moderno, él fue el preferido de ricos y famosos y en sus mesas se degustaron los platos más exquisitos y las bebidas más sublimes.Sus ruinas poseen el color ocre de la tristeza y la nostalgia, más aún guarda su fachada majestuosa su arrogancia burguesa, como el rostro de una mujer anciana en el que se adivina la belleza perdida. Plantas silvestres abrazan sus ya roídas columnas en un último y desesperado intento de protegerlo de la soledad.

 Vive allí, rodeado de nuevos edificios, esperando el milagro del recuerdo, esperando quizás, que le salve su historia. ¨                                                                                                                                                                                                                                                                                   Christel Cruz. Marzo 2016                                                                                                                                                    .

  

 Un jovencito de apenas 17 años desembarcaba en Matanzas un 1 de enero de 1850. Como muchos, había venido a Cuba sin un centavo en el bolsillo, pero con una voluntad de hierro y un carácter emprendedor.  Pronto se trasladó a la Habana para dedicarse al comercio y llegó a ser propietario de uno de los almacenes de víveres que en esa época se consideraba de sólido potencial económico.

En 1880 ya era un hombre maduro. Tenía 47 años y una familia formada cuando dejó sus negocios y se fue a vivir a un nuevo barrio que nacía y que mucho tenía de monte y poco de ciudad. Sin vacilar compraba parcelas de terrenos que después vendía a altos precios a familias poderosas que comenzaban a llegar a la zona y mientras la urbanización avanzaba también aumentaba su caudal.

Se llamaba Ventura Trocha Fornaguera.

Mandó construir una fastuosa mansión en una de las calles principales y siguió la obra personalmente encargándose de cada detalle. 

 

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Los mejores arquitectos e ingenieros trabajaron en ella y la residencia, destinada en sus inicios a dar una vida tranquila a la familia, pronto se transformaría, ante sus ojos, en otro modo de ganar dinero: sería un salón de esparcimiento donde sacaría provecho de una de sus grandes pasiones: la buena mesa.

En la inauguración se sirvieron exquisitos platos acompañados de los mejores vinos, la alta sociedad del Vedado quedó hechizada y el éxito fue tal que las áreas fueron ampliadas y su dueño ideó otros beneficios que muy pronto le harían aumentar su prestigio:  El Salón Trocha serviría también como hotel, pero no uno cualquiera, sería el hotel más moderno y atrayente de la Habana. Sus habitaciones serían espaciosas, suntuosamente decoradas y lo más novedoso, contarían con un baño.

¨ Tiene a la entrada una verja de hierro cuyas hojas permanecen siempre abiertas. Detrás de la verja se encuentra un jardín encantador, lleno de plantas deliciosas y de arbustos floridos. Los senderos están cubiertos de arena, a la manera de un parque inglés. En los ángulos del jardín se han levantado cuatro glorietas espaciosas, bajo cuya sombra pueden descansar los huéspedes, sentados alrededor de elegantes mesitas, saboreando sus licores predilectos. ¨

Así lo describía el poeta Julián del Casal:

¨El edificio se compone de dos pisos. En el primero, que está al nivel del jardín, se ha colocado el restaurant, donde hay un largo salón, rodeado de elegantes gabinetes. Allí se encuentran, en los días festivos, numerosas familias habaneras pertenecientes a las más altas clases de nuestra sociedad. Todo parece que convida a satisfacer las más imperiosas de las necesidades humanas. Las mesas elegantes, cubiertas de blancos manteles; los platos de fina porcelana, fileteados de rayas doradas; los manjares exquisitos, servidos en fuentes de plata; la profusión de licores, suficiente para todos los caprichos; y la finura de los dueños que se desviven por complacer a sus favorecedores hace que este lugar sea el escogido por las personas de gustos refinados.

A Ventura le debe el Vedado parte de su urbanización, pero, la deuda mayor es que este hombre haya conseguido que el acueducto haya llegado a la zona.

 

Sarah Bernhardt en El Trocha.

Sarah Bernhardt

En enero de 1887 llegaba Sarah Bernhardt a la habana, debutaría en el teatro Tacón y su actuación se extendería a 12 funciones que le reportarían a la diva francesa mucho dinero pues los palcos principales se vendieron a 500 pesos, una verdadera fortuna que la sociedad habanera estaba dispuesta a pagar.

Esta visita coincidía en la ciudad con la de otra conocida figura pública, el torero español Luis Mazantini. Y aunque ella era una de las mejores en la escena teatral y él derrochaba en el ruedo pura elegancia y virilidad no era en esos escenarios donde se harían más famosos.

Luis Mazantini

Luis Mazantini

 

Ambos serían los protagonistas del romance más escandaloso de aquellos tiempos.

Luis se hospedó en el hotel Inglaterra, uno de los más populares en la parte antigua de la ciudad, pero Sara escogió El Trocha. ¿Por qué escogería el de Ventura si estaba más apartado del bullicio citadino tan necesario para una figura como ella?

 En parte por esa misma tranquilad que necesitaba y porque era perfecto para sus excéntricas costumbres. Otros hoteles, como el Petit, mencionado en otras fuentes, no tenía ni las mínimas condiciones para las necesidades de Sara.

 Junto a las comodidades que toda mujer agradecería (recuerde que las habitaciones contaban con baño y una comida espectacular) el lugar era lo suficiente campestre para su afición por la pesca y la caza y lo suficiente amplio para los muchos animales que traía con ella. Viajaba con guacamayos azules, cotorras, tucanes, iguanas, galápagos, crías de cocodrilo y como si no bastara con ellos, un jaguar.

Era el lugar ideal y sus paredes fueron testigos del desbocado encuentro d estos dos semidioses que, entre los ruidos de los animales exóticos y los propios, hicieron el amor en el gran ataúd rosa donde solía dormir la francesa...

 ¨Este hotel, está montado a la altura de los mejores de Europa. Nada tiene que envidiar a ninguno de ellos. Todo sibarita que llega a París se dirige al Grand Hotel; pero el que venga a la Habana, en lo sucesivo, dirá al cicerone:   lléveme al hotel de M. Chaix.¨

Visto 2881 veces Modificado por última vez en Domingo, 13 Noviembre 2016 14:34
Christel Cruz

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